Osbaldo Ocasio, el nombre del ritmo


DAVID DORANTES LA VOZ

Ocasio es un músico al que la frase de leyenda local de la música no le queda grande.
Este puertorriqueño, residente en Houston por una historia de amor, tiene un palmarés que da vértigo.
Durante sus 40 años de músico profesional ha tocado en las orquestas de gente de la talla de la cantante cubana Celia Cruz, el pianista puertorriqueño Eddie Palmieri y el timbalero Tito Puente, entre otros.
“La percusión es parte esencial de nuestra cultura como puertorriqueños”, dice Ocasio, con orgullo.
“Casi te diría que el ritmo de los tambores es lo que nos define como nación, pues proviene de tiempos inmemorables, cuando los primeros esclavos africanos llegaron a la isla, traídos por los españoles, y unieron su ritmos a los que tenían los indios originales de la isla”, cuenta el percusionista en una mini lección de historia. “La percusión es el núcleo de nuestra herencia”.
Hablar con Ocasio es una aventura. Hay una descarga de historias y anécdotas casi mágicas donde saltan los nombres de leyendas de la salsa con las que ha tocado a lo largo de su vida y con los que se habla de igual a igual.
Ocasio (Nueva York, 1952) cuenta que su madre le contaba que a los seis meses ya golpeaba con cierto sentido rítmico todas las superficies que encontraba a su paso.
“Creo que yo nací para esto, como un don que Dios me dio”, dice el músico. “Mi papá biológico es un conguero que trabajó con (el flautista dominicano de salsa) Johnny Pacheco en los 40 y los 50”.
“Creo que yo absorbí todo el ritmo desde antes de nacer”, continúa el percusionista mientras charla en el restaurante Cafesitos Bar & Grill, donde acompaña a la cantante cubana de salsa-pop Niho.
En Nueva York, durante su infancia y adolescencia, y espoleado por el latin-jazz y el be-bop que sacudían la ciudad, Ocasio estudió música en la Brandeis High School, preparatoria especializada en arte.
Más tarde se mudó a San Juan para estudiar formalmente música en la Escuela Libre de Música de Puerto Rico, con especialización en percusiones, piano y trombón.
“Siempre quise ser percusionista pero escogí trombón y piano porque creía que no iba a destacar mucho como percusionista, así que me busqué otro instrumento para sobrevivir”, cuenta entre carcajadas.
En Puerto Rico su primer trabajo profesional, justo al terminar la universidad, fue precisamente como trombonista de una de las agrupaciones de salsa de su país: Cuco y su Nuevo Tumbao.
El arranque
“¡Muchacho, aquello fue otra universidad!”, rememora Ocasio entre grandes risas. “Le dimos la vuelta a la isla de gira mil veces, tocamos en todos lados, vivimos de todo, bueno y malo, ahí me curtí la piel como un músico profesional”.
A partir de ahí, emprendió una vida como músico trashumante que le llevó a vivir en diversas temporadas de su vida a Nueva York, Puerto Rico, San Francisco y Los Ángeles.
Además, hizo giras por medio mundo con artistas como el percusionista mexico-estadounidense de salsa Pete Escovedo, los percusionistas cubanos de latin-jazz Mongo Santamaría, Armando Peraza y Francisco Aguabella y la orquesta colombiana de salsa Sonora Dinamita.
“San Francisco, cuando me tocó vivir ahí en los 70, era una ciudad que vibraba con los ritmos del Caribe…”, rememora Ocasio.
“Estaba (el guitarrista mexicano de rock) Santana en su apogeo y también estábamos muchos músicos cubanos y puertorriqueños tocando por todos los clubs cada noche sin parar: rumba, salsa, latin-jazz. Aquello era una fiesta”, cuenta.
Fue durante aquellas épocas, revela Ocasio, cuando aprendió algunas reglas del oficio que le han servido para seguir tantos años vigente.
“Uno tiene que respetar mucho lo que hace, porque uno es un artista, y hasta en el arte del entretenimiento hay reglas: puntualidad, presentación, disciplina y respeto al público y a tus compañeros músicos”, resume.
Normas profesionales
Cualquier músico que se respete, continúa el puertorriqueño, debe siempre llegar a tiempo al lugar en el que tocará.
Además, prosigue, debe presentarse limpio e impecable, nunca abusar ni antes ni durante la presentación del alcohol, tratar a los compañeros de la orquesta con cortesía y nunca dirimir diferencias en el escenario frente a la audiencia.
Por último, un artista siempre debe sonreír cuando está actuando.
“¡Es duro seguir esas reglas todo el tiempo!”, exclama Ocasio. “Pero esa disciplina es lo que divide a los buenos músicos de los verdaderamente profesionales. A mí me llevó años y varios golpes aprenderlo y entenderlo”, confiesa.
Todavía dedica varias horas al día a ensayar en sus tumbadoras, dice Ocasio, porque ser músico tiene un cierto parecido con los médicos: ambos oficios curan.
“Nosotros, como los doctores, curamos”, sentencia. “Ellos, el cuerpo y nosotros, el alma. Ellos tienen que estar aprendiendo nuevas técnicas porque la medicina evoluciona y la música también lo hace constantemente”.
En su palmarés hay grabaciones con diversos artistas de ritmos que van desde la bomba puertorriqueña hasta el hip-hop y, recalca, cada género encierra esfuerzo, comprensión y arte.
“Un músico verdadero no desprecia ningún ritmo o ningún género sin escucharlo antes”, explica Ocasio. Hay “músicos que me han dicho que no les interesa escuchar el rock, por ejemplo, y yo me pregunto si esos músicos sabrán de la herencia de ritmos africanos que el rock and roll tiene”.
Llegada a Houston
Tras su paso por San Francisco y Los Ángeles, Ocasio llegó a esta ciudad movido por el amor.
“Me había quedado viudo… y un día hablando con mi mamá me contó que mi novia de la high school vivía acá y que también estaba soltera”, relata el músico. “Nos pusimos en contacto y me mudé a Texas”, cuenta con emoción de adolescente.
En Houston, a donde llegó hace 10 años, Ocasio se sumó a diversas orquestas de salsa como Tato y su Nuevo Son, Orquesta Salmerun, Grupo Kaché y la banda de la cantante cubana Niho, a quien ahora acompaña regularmente.
“Nunca voy a dejar de sorprenderme con la calidad de artistas de música afroantillana que hay en Houston… aquí hay gente de primer nivel que podría tocar en un club de salsa o latin-jazz en Miami, Nueva York, San Juan o La Habana, de manera muy digna”, afirma Ocasio con la certeza que le dan los años en el oficio.
Con el crecimiento de la comunidad hispana en Houston, dice el percusionista, de un momento a otro tal vez se hablará de un sonido Houston de la salsa o el latin-jazz.
“En Houston está pasando que los hispanos nos estamos mezclando muchísimo y cada comunidad le está dando su sabor particular a la música”, cuenta el puertorriqueño.”Y por eso la salsa de acá empieza a tener una distinción, con su cosa colombiana, salvadoreña, cubana, dominicana o panameña pero mezclada”.
“Mientras Dios me dé vida, hay que sacarle ritmo a los cueros”, concluye Ocasio lleno de energía.

Fuente: chron.com

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