Ibrahim Ferrer Jr: de tal palo tal astilla

El hijo del mítico integrante de la agrupación cubana Buena Vista Social Club vuelve a Mendoza con el espectáculo “Una noche en la Habana”, conformado por ritmos caribeños y argentinos. Gratis en el Concejo Deliberante de Godoy Cruz.

En el marco de la segunda noche del ciclo “Latinoamérica canta en Godoy Cruz” que comenzó anoche con la actuación de Alberto Caleris, desembarcará en el escenario levantado en el edificio municipal la segunda parte de una programación pensada para rendirle homenaje a los más importantes ritmos caribeños. Y todo parece indicar, que habrá pista para la pachanga.

Es que luego de su primera visita el año pasado en el Americanto, Ibrahim Ferrer Jr regresa a la provincia con un nuevo espectáculo llamado “Una noche en la Habana”, junto a su banda argentino-cubana y el acompañamiento de la excelente agrupación local La Levington Colmenares, para que quede bien en claro por donde van a ir los pasos de baile.

Ibrahim Jr, radicado en Buenos Aires con su familia desde 1999, es el hijo de una de las leyendas de Cuba, Ibrahim Ferrer, prestigioso músico que alcanzara trascendencia internacional como uno de los protagonistas del disco “Buena Vista Social Club” y su documental homónimo, dirigido por el alemán Wim Wenders, que colocó a esta reunión histórica de músicos cubanos en la cima de la popularidad, recibiendo un premio Grammy y una nominación al Oscar.

Con una infatigable actividad musical, el carismático Jr formó parte del rodaje del film y en la grabación del mencionado Buena Vista, un tributo a un desaparecido club de la Habana donde tocó su padre. Luego el éxito alcanzado por el álbum, colaboró en la producción de “Ibrahim Ferrer”, placa que sintetiza los sonidos que hacían feliz a su progenitor, quien falleció en 2005, a los 78 años, álbum que también terminara ganando un Grammy.

Antes de mudarse a nuestro país, Ibrahim navegó 25 años por los mares del mundo, de hecho, es capitán de barcos, pero ahora se dedica completamente a la música, grabando hasta ahora dos discos, “Son pa ti” y el reciente “Al son de un homenaje”, el cual recibió un premio Gardel.

-¿Qué fue lo primero que hiciste cuando te radicaste en el país?

-Cuando llegué a Argentina, abrí un bar en la zona de Caminito, en La Boca, un poco porque me hacía acordar a los puertos y mi vida de marinero. De hecho, hay dos grúas que trajimos en el barco donde trabajaba. Por eso lo bauticé la Habana Vieja, que es un lugar del puerto de la Habana, donde los bares estaban frente a los atracaderos de los barcos. Te bajabas de los barcos e ibas directo a tomar algo.

-¿Por qué nuestro país y no otro?

– Primero porque siempre me encantaron las cosas de ustedes, su idiosincrasia. Me nutrí mucho del cine, de la música. Ver a mi padre poniéndose una bufanda al cuello y el sombrero al estilo Gardel. Fue tanta la penetración de la cultura argentina en Cuba. No te olvides que existe además en La Habana La casa el Tango, donde hay fotos de Carlos Gardel, Luis Sandrini, Libertad Lamarque, donde todavía se arman milongas.

-¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos en la música?

-Fue en el vientre de mi madre. Desde antes que yo naciera mi casa era un punto de reunión de músicos. En el cumpleaños de mi viejo, justamente el 20 de febrero, se instalaban todos sus amigos a tocar sus instrumentos en el patio de mi casa, entre tragos de ron. Esto me fue captando desde niño. De tal palo tal astilla.

En el caso particular mío, pasé por varios instrumentos pero los instrumentos no pasaron por mí. Toco la guitarra, el piano, la percusión, en ninguno de estos intrumento brillé pero lo que más me gusta en realidad es cantar. Una vez de niño me regalaron un violín y lo enterré en un jardín de mi casa. La gracia es que el instrumento era un regalo que mi padre trajo de Rusia, una joya. Me querían matar.

Cuando comencé me dijeron que no podía cantar porque tengo una voz muy ronca y gruesa. Un día me puse a descargar con mi padre, y gustó. No hace falta que seas estridente, sino que sepás interpretar lo que estás cantando. Me nutrí mucho de Pacho Alonso, mi preferido, quien cantaba boleros, en realidad hay mucha cantidad y me fui nutriendo de cada uno de ellos.

– ¿Qué género te gusta más?

– Me gustan todos. No podría elegir. Me gusta cantar, incluso tangos como “Uno”, “Nostalgia”, que están en mi repertorio. Soy un poco atrevido. Si me propones algo, me animo a cantarlo.

– ¿Te ha gustado algún ritmo folclórico argentino?

– Me gusta toda la música provinciana. Vas a Buenos Aires y está el tango, pero me gusta también el chamamé. Si los argentinos hacen con mucho gusto la música cubana, ¿por qué no habría de hacer yo la música de ustedes?

– ¿Cómo fue el rodaje del documental “Buena Vista Social Club”?

– Se filmó todo sin saber que terminaría siendo un documental. Fue la novia de Wenders que con su cámara nos fue grabando. Registró al comienzo el estudio de grabación del disco. A veces ni sabíamos que estaba la cámara. Nos persiguió 22 días en nuestra vida. Mi papá salía por la calle y Wenders le decía de lejos: “Ibrahim, saludá” y mi viejo lo hacía. Quedó todo muy natural en la película.

– ¿Cómo es filmar en Cuba?

– Mira, hay mucha equivocación con respecto a las restricciones. No está prohibido filmar. Cualquiera puede irse con una cámara y listo. Hay mucho mito, no tiene nada que ver con lo que la gente piensa desde afuera.

– ¿Qué país tiene mucha química con los ritmos cubanos?

– Hay mucha aceptación en Colombia, España, países muy nutridos de Cuba. Se nota nuestros orígenes tanto en sus versiones españolas y africanas. Incluso comprobé que en Holanda y Japón tienen un movimiento de ritmos cubanos.

– ¿Qué vas a tocar esta noche?

– Un repertorio loco. De todo, sones, guarachas, canciones románticas, boleros, cha cha cha, canciones argentinas como “El día que me quieras”, canciones de cuna cubanas. Y lo demás es pachanga.

Al espectáculo lo llamamos “Una noche en la Habana”. Tocamos, entre argentinos y cubanos; Raúl Monteagudo en piano, Cristian Cecardi en tumbadoras, Carlos Lissabet en bajo, Jorge López en saxo tenor y alto, Jorge Fley en trompeta, Fabián “Chino” Reales en percusión y la sorpresa, un cuyano, Martín Morán, en guitarra.

Por Pablo Pereyra

Fuente: losandes.com.ar

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