Concierto en Miami aviva la controversia


POR SARAH MORENO

A sólo unas horas de que Los Van Van se presenten en el James L. Knight Center, la pregunta que muchos se hacen es quiénes integrarán el público. Se habla de que los cubanoamericanos, con pocos o ningún recuerdo de la isla, o los recién llegados de las jóvenes generaciones, serán los que compren entradas para el concierto con precios entre $60 y $110.

A través de Facebook, el empresario Ronald Ricardo, de 30 años, ha invitado a unirse a un nutrido grupo que planea asistir al concierto de Los Van Van, porque entre otros, quiere escuchar en vivo el tema El negro está cocinando.

“Siempre me ha gustado la música cubana”, reconoció Ricardo, que llegó de Cuba con sus padres cuando tenía 19 meses, por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso. “Los Van Van caen dentro de la world music, es una música bailable, que no es como la de Silvio Rodríguez u otros artistas, que se sumaron a la censura en los medios de los que no son partidarios del gobierno”.

Ricardo comentó que no le parece bien la censura política y que, como vive en Estados Unidos, no va a seguir patrones de censura similares a los del gobierno cubano.

“Creo que no podemos considerarnos libres, si censuramos nosotros”, opinó Ricardo.

Precisó que está consciente de que “puede darse el lujo de no tener rencor”, por la edad a la que abandonó Cuba. Sin embargo, reconoció entender el resentimiento que puede sentir cierto sector de la comunidad cubana por la presentación de la orquesta en Miami.

“Me gusta la timba y la música de Los Van Van, pero si algún día nos sentamos en un café y hablamos de política, posiblemente discutamos”, dijo Ricardo.

Anay Villar tiene 25 años y llegó de Cuba a Miami cuando tenía 15, gracias a que su familia se ganó la lotería de visas. Hoy trabaja como relacionista pública y estudia Lingüística en la Universidad Internacional de la Florida. En las fiestas, baila con la música de Los Van Van, y a pesar de que una decena de sus amigos está organizando un grupo para ir al concierto que ofrecerá la agrupación cubana, ella ha decidido no acompañarlos.

“No me interesa ir a un concierto de Los Van Van ni aquí ni en Cuba”, indicó Villar. “La mayor razón por la que no me gasto el dinero en ir a verlos es porque no me gustan, pero el factor político interviene. Creo que es muy fácil ser comunista en Cuba cuando puedes salir y viajar a todos lados”.

Villar recordó que cuando tenía 5 años fue con su familia al Hotel Atlántico, en la playa de Santa María, al este de La Habana, y Los Van Van estaban tocando.

“Mi padre me dice que mi hermana y yo bailamos mucho con su música. Entonces los cubanos podían entrar a los hoteles”, recordó Villar, quien cada vez que puede asiste a conciertos de Shakira, Marc Anthony, Paul McCartney o la banda de rock Metallica.

Entre la postura de Ricardo y Villar se extiende un abanico de posiciones. Norlan Díaz, un saxofonista cubano de 33 años que abandonó Cuba en el 2003, no asistirá al James L. Knight Center porque esa noche tocará en algún centro nocturno de Miami.

Pero los recuerdos de la época en que vivía en Cuba y tocaba con una orquesta popular en los salones de la Cervecería La Tropical, no lo impulsa a asistir al concierto.

“Alguien me habla de un concierto de Los Van Van y me acuerdo de las puñaladas”, dijo Díaz, que no considera que los músicos de la agrupación son los causantes de esas trifulcas que se suscitaban en el parque cervecero mientras ellos tocaban. “Le pregunté a uno de los empresarios que trajeron a La Charanga Habanera si iban a traer a Los Van Van y dijeron que no, porque el concierto sería en el James L. Knight Center, y ‘Cuando eso se ponga caliente y la gente comience a subirse en las sillas…’ ”.

Díaz comentó que, como músico, prefiere el trabajo de Los Van Van en las décadas de 1980 y 1990, con temas con más cadencia y más alejados de la timba. También destacó entre las figuras que dieron carácter a la agrupación, a José Luis Quintana, ‘‘Changuito”, “un gran maestro de la percusión que impulsó el ritmo del songo”, en temas clásicos como Pastorita tiene guararey.

Quintana fue sustituido en la batería por el hijo de Juan Formell, Samuel, cuya concesión de una visa para entrar a Estados Unidos ha generado controversia por su presunta participación en un robo que terminó con la muerte de la víctima.

Agregó Díaz que tiene razones políticas para no ir a ver a Los Van Van, pero que otros músicos de su generación no comparten sus criterios.

“Muchos simplemente están cómodos, ése es su país y no sienten que los están pisoteando; otros me han comentado que para vivir aquí hace falta un camión de billetes”, afirmó Díaz, añadiendo que muchos músicos que aún están en Cuba saben que algunos colegas en el exilio tienen que trabajar “desarmando llantas”.

Más allá de las razones del exilio cubano, se sitúa Mariana Lev, una argentina que aprendió a bailar salsa profesionalmente en una academia en Buenos Aires y después abrió la suya en Tucumán.

“No me interesa la política, sólo voy a escuchar la música”, dijo Lev, señalando que en el concierto tratará de probar eso que le dicen de que “baila como una cubana”.

Hasta el pasado viernes, de las 4,609 localidades que tiene el James L. Knight Center se habían vendido un poco más de 2,000, según informó Carlos M. Díaz, manager de la oficina de venta de entradas.

“Se venden un promedio de 100 entradas al día”, afirmó. “No va a estar completamente vendido el teatro, pero va a ser una buena recaudación de taquilla”.

Fuente: elnuevoherald.com

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