Tan bueno como siempre


Los Seis del Solar son siete, pero en la tarima hay nueve. Dos trombonistas acompañan a la banda que a las 9:45 pm comienza con “Caminos verdes”, sin vocalista.
Pocos minutos más tarde aparece el hombre de la noche. Aplausos a rabiar. Saluda, sonríe, hace gestos de que no es necesario ponerse de pie (nadie le obedece), reconoce a algunos entre quienes chocan sus palmas. Adiós al intro y bienvenida a “El padre Antonio”.
La gente baila sobre los pocos centímetros cuadrados entre las sillas. “Suenan las campanas otra vez” precede al “oh, oh, oh” del multitudinario coro. Rubén Blades vuelve a sonreír, como tantas veces lo haría en esa velada.
Lleva un sombrero de ala corta, correctamente calzado, lentes correctivos claros y zapatillas no aptas para salir “volao”, pero sí para desplazarse a paso lento por todo el escenario y para acercarse y alejarse de sus compañeros de faena. Negro es su vestir, tranquila su sonrisa, pausada su voz cuando le habla al público, y limpia, fuerte y afinada cuando canta ¿Qué edad tiene? 61 años y un candado entrecano que las luces borran por momentos durante la noche del sábado 21 de noviembre en el James L. Knight Center de Miami.
Una dedicatoria a su madre fallecida explica “Cuentas del Alma”. Sigue, rápido, con uno de sus tantos “himnos” de la salsa, “Buscando Guayaba”. Los miles de coristas y el trombón se alternan el protagonismo. Euforia. No hay solo de boca sino de xilófono. El ambiente se mantiene en alto mientras el exministro panameño interpreta parte de su extenso repertorio. Hay electricidad en los cerca de cinco mil agrupados en el teatro.
Sabor venezolano
“Maestra Vida” (con la introducción grabada en voz de César Miguel Rondón), “Decisiones” (cambia la estrofa: “con un bate de béisbol del extranjero, de esos que dicen Ozzie Guillén”), “Ligia Elena” (ofrenda a los enamorados y a los por enamorarse), “Amor y Control” (referencia a los últimos días de su madre), “Juan Pachanga” (de sus más lejanos tiempos), “María Lionza”, “Caminando”, “Plantación Adentro”, y entre una y otra comenta los orígenes de las piezas o alguna anécdota.
Su paisano y compositor Omar Alfano recibe salutación; otras personalidades también, uno por uno por nombre y apellido. Gloria y Emilio Estefan se llevan distinciones más largas: “Ustedes han hecho una gran labor a favor de la música, todo mi respeto”.
Las palabras a Oswaldo Guillén superan al resto: “Para mí es un orgullo que esté con nosotros una gloria del béisbol, el primer latino en ganar una Serie Mundial como mánager: “Ozzie” Guillén. Me siento orgulloso, como fanático pero, sobre todo, como latino”. Y más loas para el excampocorto venezolano, quien se pone de pie, le devuelve sonrisas y gestos al juglar, la gente lo ubica y aplaude más fuerte. ¿Como que hay más venezolanos que otros latinos en este recinto?
Blades alarga la conexión con nuestro tierra con comentarios sobre su sentir luego de saludar al director de orquesta Gustavo Dudamel en una de las paradas previas del tour Todos Vuelven, que arrancó en junio de este año.
Para cantar “Plástico” invita a Luis Enrique. “Oye latino, oye hermano, oye amigo, nunca vendas tu destino por el oro y la comodidad”, como en la grabación original, da paso a la enumeración de países, y al ya conocido “¡Presente!”. El dúo menciona naciones y los identificados vitorean. Venezuela se eleva por encima en el rango de los decibeles. ¿Respondida la pregunta? Se retira Luis Enrique, Blades suelta: “por la libertad de Cuba”.
Mensajes y emociones
“Patria” hace llorar. “Buscado América” genera abrazos y mueve banderas entre el público. Se vuelve más íntimo el concierto cuando con una guitarra acústica toca la versión “unplugged” de “Adán García”, sublime.
Con “Todos Vuelven” presenta a la banda, menos al baterista. Oscar Hernández en el piano y Ralphi Izarri en los timbales cobran protagonismo. El autor de “El Cantante”, composición emblemática en la carrera de Héctor Lavoe, se despide, agradece y se lleva a sus compañeros. Parte ensayada, el público lo intuye y pide el bis.
Arranca “Pedro Navaja”. La vida te da sorpresas, Blades no. El hombre del diente de oro estará siempre con él. Los encargados de la seguridad se rinden: Ya no persiguen a los asistentes empeñados en bailar en cualquier parte libre. El del sombrero de ala ancha de “mediolao” mueve a todos de sus asientos.
Puede ser una tertulia interminable el llegar a un acuerdo sobre cuál es la canción icónica de la salsa, pero no hay duda de que “Pedro Navaja” es la del panameño ex candidato presidencial del movimiento Papa Egoró, y cuidado si es la de todo el género.
El real cierre lo marca “Muévete”, en el que Robby Ameen hace estallar su batería. “Ése podría tocar con Metallica”, asegura un venezolano. Sin aviso aparece Emilio Estefan para darle a la conga a dúo con Eddie Montalvo. El cantante le señala, agradece a todos y se va por el mismo lugar de su ingreso, luego de 2:15 horas y 17 temas.
De nuevo sin vocalista, los seis que son siete, que comenzaron la jornada como nueve y que ahora suman 10 con la adición del esposo de Gloria, se toman su tiempo para proseguir con la exhibición de sus virtudes. La gente permanece de pie, los rostros se iluminan poco a poco y quienes cantan ahora son quienes dejan el recinto, bailando y entonando clásicos de la salsa. Hablan de Blades, de su voz, de su grupo y de lo que alientan sus letras.
“Las balas no pueden matar las ideas”, remarcó el artista al inicio del concierto. Las letras “inteligentes” o la “salsa intelectual” como se etiquetó en un momento a los versos del abogado, actor, compositor e intérprete, quedan en el aire. Nada de mensaje repetido, insulso ni retórico. Hay arenga de ir hacia adelante, de acabar con las dictaduras, con regímenes opresores, con el racismo y de que toda Latinoamérica salga de las malas situaciones que por años la han acompañado. Y, sobre todo, hay, hubo y habrá buena música.
Blades volvió a las giras y con él la salsa se envalentona, de la mano de uno de sus más exquisitos exponentes, en una actualidad en la que la letra de “Prohibido Olvidar”, del disco “Camaléon” (1991) retumba: “Pobre del país que con la violencia crea que puede matar la idea de su liberación”.
Luis Enrique
Un Luis Enrique con ganas, con barba de dos días sin rasurar, con traje blanco, un poco más relleno y con un cabello algo acomodado hacia arriba gracias a los efectos de las cremas de peinar, inició la noche salsera. El nicaragüense, quien volvió hace poco a las producciones propias luego de nueve años de ausencia, estuvo en tarima el tiempo suficiente para cantar varios de sus éxitos pasados y una pieza de su nuevo materia discográfico “Ciclos”, ganador de dos premios Grammy. Comenzó con “Date un chance”, que hizo notorio lo defectuoso del sonido.
Puso energía el antes llamado “príncipe de la salsa”, el público lo acompañó en varias de sus melodías. Ocuparon él y su grupo, con un percusionista venezolano entre sus filas, la parte delantera del escenario. Atrás, varios instrumentos escondidos bajo las sombras, aguardaban. El verdadero sonido era para después.
A las 9:30 pm, se despidió Luis Enrique luego de cerca de 40 minutos de actuación.
El nuevo material
Si bien Blades habló de su nuevo material “Cantares del subdesarrollo”, no interpretó pieza alguna del mismo. El nuevo CD consta de 11 canciones: Las Calles, País Portatil, El Tartamudo, El Reto, Olaya, Segunda mitad del noveno, Bendición, Moriré, Símbolo, Himno de los Olvidados, y un bonus track (Símbolo versión Panamá).
En su interior, un mensaje: “Musicalmente dedico este álbum a Cuba, por sus aportes originales al desarrollo de la propuesta musical urbana mundial y por el valor del noble pueblo cubano que ha sobrevivido al bloqueo imperialista y a la dictadura marxista sin perder su esencia solidaria, humor, amor y esperanza”.

Fuente: entornointeligente.com

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