El jefe les dió mucha gasolina


Daddy Yankee logró reunir a más de siete mil espectadores que se olvidaron del frío y se entregaron a una noche de mucho “perreo”.
La ecuación perfecta. Música al máximo volumen, tapatíos con ganas de bailar y un sujeto que desde hace 17 años no hace más que provocar “decadencia” y locura entre los seguidores que escuchan sus rimas llenas de alto contenido sexual. Es tanta su influencia en la gente que se proclama desde hace tiempo como el “Big Boss” y a tres años de su última visita a Guadalajara, Daddy Yankee volvió por lo que le pertenece y con su sola presencia desató la histeria y el baile contenido por miles de tapatíos que estallaron de placer al ver al de Puerto Rico en acción.
Afuera del Foro Alterno, donde anoche se presentó, hacía frío, adentro también. Pero lo anterior no evitó que la mayoría de las mujeres llegaran vestidas como si se tratara de una boda en la playa hacia las tres de la tarde. El reggaetón provocó en la noche de Guadalajara que hordas de gente de todas las edades se disfrazaran al estilo Daddy Yankee. Los hombres portaban pantalones tres o cuatro tallas más grandes y camisetas Ed Hardy, unas piratas y otras originales, pero todos buscaban llegar con los atavíos propios del Gran Jefe. Las gorras no podían faltar en esta ocasión. Unos traían de los Yankees de Nueva York, otros de algún equipo de futbol y los que menos poderío económico, portaban unas con la imagen estampada de una hierba de mariguana o bien con una metralleta por bandera, en ambos casos, acompañadas de la leyenda “Jalisco”. Dentro del argot no traer gorra es una afrenta tan grande, como una ofensa familiar.
Entre los méritos que puede presumir Daddy de haber logrado anoche está la derrama económica que trae consigo el huracán llamado reggaetón. Los boletos de la Zona VIP costaron mil 300 pesos por persona y eso que las tres letras abarcaron a casi dos mil personas. Pero ver de cerca al autor de “Pose”, vale eso y más parece decir la gente que dejó su carro en el estacionamiento privado, donde había carros de lujo, de esos que difícilmente se ven de día en Guadalajara.
Los cerca de siete mil personas disfrutaron de una noche llena de baile, de “perreo”, de victoria. El “Big Boss” regresó a la Perla Tapatía y enloqueció a un pueblo que fue por “Gasolina” y se llevó un recuerdo musical imborrable.
Jesús Hernández Téllez • Guadalajara

Fuente: milenio.com

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