Propuesta salsera


El colombiano Alberto Barros ha encontrado una fórmula convincente, en momentos en que el género se estanca.
Carlos Olivares Baró
La salsa es una modalidad de la música afrocaribeña pendiente de un estudio serio y preciso. Términos como afrocubano, tropical, guaracha, pachanga, rumba, cumbia, latino, cumbancha o salsa son utilizados para catalogar los ritmos caribeños presentes en los salones de baile de casi todo el orbe. Lo primero sería comentar que la salsa es un concepto rítmico, una mixtura donde el son montuno cubano juega un papel fundamental.
Celia Cruz se equivocaba cuando decía que la salsa es “música cubana con otro nombre; es mambo, chachachá, rumba: todos los ritmos cubanos bajo una sola denominación”.
El ambiente musical latino en el Nueva York de los años sesenta propicia la aparición de una sonoridad que fusiona elementos armónicos del jazz (sobre todo el afro–cubop de Gillespie/Pozo/Bauza), ataques funk y entradas duras de los metales (trompetas y trombones), con la tradición de la música popular bailable del Caribe (son cubano, mambo, guaracha, plena, cumbia, bomba, guajira, tamborito panameño, joropo, vallenato).
El hábil abogado Jerry Masucci y su Fania Records jugarían un papel clave. Johnny Pacheco —flautista y director— se convertiría en el responsable de una concepción de compases rítmicos que despertaría el interés de bailadores y melómanos latinos radicados en Estados Unidos. Más de 40 años de una crónica que no concluye, y un influjo que ha tenido ecos en plazas de países europeos y asiáticos.
El barranquillero Alberto Barros —hijo del compositor José Barros (La Piragua, Las Pilanderas, Momposina…)— ha insuflado a la salsa patrones de una modernidad que, sin desdeñar la tradición, dibujan nuevos bríos en un género que transparentaba cierto cansancio armónico/rítmico.
Productor de olfato, es responsables de muchos éxitos de Niche, Carlos Vives, India, Tito Nieves, Joe Arroyo o Marc Anthony. Trombonista y director musical, ha estado al frente de bandas acompañantes de Celia Cruz, Oscar de León o Héctor Lavoe.
Sobredosis de amor, Bastó una mirada, No me vuelvo a enamorar o Cómo se menea son piezas aclamadas por los bailadores: Alberto Barros es un suceso laudable y certero en la geografía de la salsa contemporánea.
Tributo a la Salsa Colombiana (Sony Music, 2007), Mano a Mano (Sony Music, 2008) y Tributo a la Salsa Colombiana 2 (Sony Music, 2009) son los álbumes que el colombiano nos ha regalado en tres años consecutivos de estimable presencia de su orquesta en las tarimas de carnavales y ferias.
Homenaje a intérpretes clásicos (Niche, Fruko, Lavoe, Celia, Colón…) y encuentro de cantantes en un diálogo hermanado en las cintas del guajeo montunero (Delgado, India, De León, el Canario…). Arreglos apoyados en el son montuno cubano que remiten a Arsenio Rodríguez, Gran Combo, Quinto Mayor y bamboleos de la actual timba cubana. Tres producciones que remozan las estampillas salseras con peculiares juntes y oscilaciones métricas de grata imaginería armónica/rítmica.
Barros ha sabido encontrar una fórmula tonal vivaz y convincente en momentos en que la salsa se estancaba por falta de ofertas reformadoras. Los bailadores del siglo XXI se lo agradecen.

Fuente: cubaencuentro.com

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