Paquito D’ Rivera: el jazz es la perfecta democracia


Ernesto Márquez

“Después de mi padre Chucho Valdés es la persona más importante en mi carrera”, confiesa de manera inesperada Paquito D’ Rivera tras un largo tiempo de no verse con quien fuera su amigo y cómplice de mil aventuras musicales. De muchos es conocido que la distancia tomada por Paquito respecto a Chucho se debe sobre todo a la incompatibilidad ideológica: el saxofonista sigue disintiendo de gobierno revolucionario de la isla, mientras que el destacado pianista le apoya.
“Chucho Valdés fue mi mentor y quien me diera la primera oportunidad profesional –precisa D’ Rivera. Yo empecé con él cuando tenía 13 años, Fue la primera persona que me apoyó, me inició en la ejecución jazzística y por lo tanto mi principal referente.”
A punto de marchar al Festival Internacional Cervantino, en el que se presentará hoy domingo en la Alhóndiga de Granaditas con la Zinco Jazz Band, Paquito D’ Rivera habla en exclusiva con La Jornada. Es el único jazzman que abarca tan amplia gama de música latinoamericana (Panamericana el tema que toca en el documental Calle 54 es un ejemplo) en su ejercicio tonal.
–¿Qué gana la música tradicional latinoamericana al involucrarse con el jazz?
–La música en Latinoamérica es más rica, sobre todo ritmáticamente, que la música de Estados Unidos; de todos nuestros países el que mejor mezcla armonía y melodía es Brasil. Ahora bien, el jazz es un género que es rico en armonía y melodía, pero un poco más débil ritmáticamente: pienso que al juntarse ambos elementos ganan y eso los hace más universales porque es más fácil entenderlos en su conjunto.
–¿Podría hacer una reflexión sobre el jazz y el quehacer jazzístico?
–El jazz es la perfecta democracia. Yo no he descubierto ningún sistema político o social que se comporte con tal respeto hacia los demás como el jazz. Eso fue lo que me atrajo. Una estructura solidaria en la que si uno está haciendo un solo instrumental los demás ayudan a que se luzca. Esa filosofía no la encuentro en ninguna estructura social.
“El concepto jazzistico es la democracia perfecta –insiste–. Si elegimos a alguien hay que ayudarlo a que haga su trabajo bien hecho. Yo pienso que el jazz a veces es temido por los sistemas totalitarios debido a ese carácter eminentemente democrático”.
–Un músico que desde el jazz se traslada constantemente a la música clásica, ¿cómo resuelve desde su perspectiva la dicotomía música popular-clásica?
–Mira, como dijo Duke Ellington, sólo hay dos tipos de música: buena y mala.
–Leonardo Acosta dice que combinar el jazz con la música clásica es un ejercicio de alto riesgo.
–Sí, es de alto riesgo, pero hay que saber sortearlo. El secreto radica en el estudio.
–Dadas las técnicas, desarrollos, estilos y tendencias en las que se ha ejercido el saxofón en uno y otro género, ¿no resulta contradictorio en algunos casos?
–No, yo no creo que la aproximación al jazz y el clásico del saxofón sean contradictorios. Son sólo maneras diferentes de ver las cosas. Y la manera en que te aproximes al instrumento. Y tú sabes que el tipo de cosas que tocas en un escenario clásico es un estilo diferente que cuando tocas el jazz.
–¿Es más fácil ser un músico de jazz que de música clásica?
–No es fácil ser un músico de jazz, tienes que conocer tu música, tener muchos recursos, una conciencia del jazz, un conocimiento de los tratamientos latinos a los sonidos. Es fácil tocar música latina, sólo es tónica y acordes dominantes, pero con el jazz se tienen que hacer cambios más intrincados, movimientos que tienen que ser fusionados con el sentimiento latino.
–Ha publicado los libros Mi vida Saxual y ¡Oh, La Habana!, mismos que escribe fuera de la isla y en los que narra experiencias vividas en los primeros años de la revolución cubana, ¿La escritura se presentó en usted cómo un desahogo, un paliativo a la tristeza o cómo un ajuste de cuentas?
Paquito no responde porque la risa se lo impide.
–¿Cómo un ajuste de cuentas?, yo no soy un mafioso chico. La novela trata sobre la vida de los artistas en La Habana de los años 50, cuyas historias yo escuchaba en la tiendita de música que tenía mi papá por lo que casi 99 por ciento de los personajes de esa novela son reales y no tienen nada que ver con vendetas.
–Durante su gira de celebración por los 50 años como músico confesó su deseo de tocar en Cuba, ¿sigue pensando en ello?
–Claro, mi máximo sueño es poder volver a tocar para mi gente, en mi propio país, sin ser considerado un ciudadano de segunda. Tocar para mis compatriotas, de todas las mentalidades y pensamientos políticos, sin que eso sea importante.
–¿No es utópico?
–No si ustedes me ayudan…
Paquito ríe. Este hombre es una combinación de buen humor, compromiso y música.
Y de eso nos dará un banquete basado en un menú variado que va del swing al danzón, del blues a la bossa nova; del más emblemático jazz latino a ritmos caribeños. Entre los temas elegidos escucharemos Memories, de su autoría, Sing, sing, sing de Louis Prima, Andalucía de Ernesto Lecuona y Dindi de Antonio Carlos Jobim.
Incluye en este programa un homenaje a Benny Goodman por el centenario de su natalicio (30 de mayo de 1909), alguien que le ayudó a decidir su vocación.
Paquito D’ Rivera y la Zinco Jazz Band se presentarán para el público capitalino la noche del martes en el Zinco bar: Motolinía y 5 de Mayo, Centro Histórico.

Fuente: jornada.unam.mx

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