En una noche se puede hacer un tour salsero por La Mariscal


El Seseribó, La Bodeguita del Medio y el Mayo 68 son el punto de encuentro para los salseros. La música, el ambiente y el espectáculo son los atractivos.
El calor dentro del Seseribó, La Bodeguita del Medio o el Mayo 68 hace que uno se sienta como en una ciudad de la Costa o del Caribe. Pero no solo es el calor, también la música que puede ser colombiana o cubana, como sucede en La Bodeguita…
Ana María Salas le da ese ambiente a sus bar-restaurantes La Bodeguita del Medio y El Varadero. Ella es cubana y canta como si fuera la guarachera Celia Cruz en un concierto. El pasado jueves, a las 23:30, la fuerza de su voz hizo que los asistentes a La Bodeguita se levantaran al ritmo de la conga: “¡Arriba caballero!”, gritaba con su acento isleño.
La música en vivo es el atractivo de La Bodeguita del Medio los miércoles y jueves. El viernes y sábado, junto a este bar-restaurante, funciona El Varadero, donde también canta Ana María Salas y su grupo. Ambos sitios han funcionado 16 años: “Es un pedacito de Cuba en Quito”. Tanto es así que se puede beber un mojito con ron cubano o disfrutar de un arroz congris, ropa vieja y yuca con mojo, un plato típico de la isla…
Cuando Ana María Salas descansa, los miembros de la orquesta también interpretan ritmos tropicales. Este ambiente hizo que Viviana Restrepo acuda una vez por semana a este sitio desde hace un año.
La gente baila como puede, unos son más expertos que otros, y los ventiladores dan aire para no ahogarse por el calor. Ocurre lo mismo en el Mayo 68, donde de vez en cuando hay que salir a la calle para recibir aire frío.
El Mayo 68 tiene 20 años de historia y en su pista han movido el cuerpo personajes como Agustín Delgado o el trovador español Joaquín Sabina. “Aquí puedes encontrar desde un mendigo hasta un ministro y los dos se toleran”, dice el dueño, Mao Viteri, quien además resalta que “aquí nadie les va a pedir el autógrafo a los famosos, porque ninguno es más que otro”.
Entre las historias de esta salsoteca, Viteri recuerda la madrugada en que Piero pisó su bar. Amaneció y era hora de cerrar pero el cantante argentino no se quería ir. “Lo sacamos como a cualquier persona…”.
Un espejo colocado al final de la pista enseñaba a las parejas sus propios movimientos. Más atrás, en la barra del bar estaba sentado el pintor René Gutiérrez. Después de hacer un boceto del rostro de una muchacha, se levantó, cruzó la pista y se paró frente al espejo. Miraba las diferentes expresiones de su cara, mientras decenas de parejas bailaban a sus espaldas.
Tito Landázuri, el DJ del lugar, dice que lo bueno del Mayo 68 es que no es un club elitista sino que puede ir la persona que quiera y nadie dice nada.
A la medianoche del jueves pasado sonaba la canción de Joe Arroyo, A mi Dios le pido. Viviana González tenía el rostro empapado de sudor y no dejaba de bailar. “Es que la salsa tiene algo inexplicable que me hace sonreír y mover el cuerpo”.
Los movimientos rápidos de pies y manos más el calor son los culpables de que las parejas suden y consuman desde agua hasta cocteles fríos.
El DJ del Seseribó no deja que la música pare y que las parejas muestren sus mejores pasos en la rueda del casino (técnica para bailar salsa en Cuba). Desde que uno está en el pasillo, antes de la entrada a esta salsoteca, los pies ya se contagian con la música.
La salsoteca funciona en la ciudad desde hace 26 años. Uno de sus propietarios, Juan Pablo Patiño, cuenta que no siempre han estado en el mismo sitio pero que los salseros los han seguido con el transcurso del tiempo.
Sentado dentro de la cabina de mezclas, Patiño dice que la gente va al ‘Sese’ (nombre con el que se conoce a la salsoteca en la ciudad) porque saben exactamente qué clase de música van a escuchar. Mientras cambia de canción, señala que es una oferta variada de salsa, la cual puede ser disfrutada por personas de distintas edades.
Julio Olmedo visita el ‘Sese’ con frecuencia. Para él, este es un sitio de relajación en donde va a hacer lo que más le gusta… bailar salsa. Los más expertos se animan a formar la rueda del casino, la cual consiste en formar un círculo e intercambiar parejas al ritmo de la música. Siempre hay un guía que da la señal con las manos o los pies para ejecutar uno de los más de 280 pasos.
La estrecha pista con luz tenue es algo que también le atrae del lugar. Olmedo dice que no hay muchas discotecas en Quito donde se encuentre solo este tipo de música. Por eso lo escoge también como sitio de encuentro con amigos. Allí se reúnen salseros de distintas escuelas de baile de la ciudad.
Tanto en La Bodeguita del Medio, en el Mayo 68 o en el Seseribó el ambiente se enfría a la madrugada, cuando las parejas se cansan de disfrutar de la salsa.

Fuente: elcomercio.com

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