Thriller revivió en un show merenguero


Juan Luis Guerra ofreció su “travesía”, que incluyó una coreografía a lo Michael Jackson
En el momento menos esperado Rafael Germán soltó su güiro metálico. David Almingo y Juan de la Cruz siguieron al corpulento percusionista de los 4:40.
Ellos dejaron la conga y los tambores. Vestidos de negro se unieron a Germán, al frente del escenario, mientras el bajo dejaba escapar algunas notas graves de Thriller.
Sí, Thriller, y en pleno concierto merenguero del barbado dominicano Juan Luis Guerra. Sí, la misma canción de pop dance que en 1983 hizo famoso al ahora fallecido Michael Jackson. Los tres percusionistas, con un guante blanco en la mano derecha recordaron aquella coreografía de zombies. Los pasos eran exactos, con movimientos de hombros y brazos, tal como quedó inmortalizado en el video de hace 27 años.
Eran “los 15 minutos de fama (como diría Andy Warhol) que tenían estos músicos, los que integran la orquesta 4:40, esa que desde hace 25 años se llama así, en referencia a la afinación y tono exacto (segúnlos expertos) que alcanzan los instrumentos. Germán, Almingo, De la Cruz y los otros 15 miembros de 4:40, no son simples acompañantes de Guerra.
De la Cruz, a quien el cantautor dominicano cariñosamente llama Chocolate por el color ébano de su piel, no solo bailó a lo Jackson. Chocolate ofreció un solo de tambores y timbales muy afro, mientras que los tres coristas de Guerra interpretaron una canción individualmente. El escenario era de ellos en esos “15 minutos de fama”.
Guerra no estaba, los había dejado solos para que se lucieran la noche del viernes pasado en su concierto que forma parte de su gira La travesía. Y su travesía llegó en un avión. Las 24 mil personas, que acudieron al estadio Alberto Spencer pudieron verlo, a través de las dos pantallas gigantes situadas en los extremos del escenario.
A las nueve y cuarto de la noche, el sonido del motor de un avión invadía todos los rincones del estadio. Las pantallas mostraban las hélices de esa nave imaginaria y a la vez tan real. El avión voló, aterrizó, abrió sus puertas y dejó ver la silueta de Juan Luis Guerra. Él bajó las escalinatas, caminó y apareció en el escenario. Llegó y de inmediato cantó La travesía, la melodía que le da nombre a su gira latinoamericana.
El estribillo “como tú no hay ninguna…”, de esa canción, el público apretujado daba rienda suelta a su baile, aunque sea en su propio terreno. Algunos en el piso, otros sobre las blancas sillas plásticas de las localidades privilegiadas.
Guerra, quien vestía chaqueta oscura, camisa blanca y su inconfundible boina negra, no paró. De inmediato soltó Valió la pena, con su contagiante “eeehh, ooohhh…”.
El ritmo danzón no cesaba. Guerra, quien saltaba y recorría los 60 metros de largo que tenía el escenario, siguió con A pedir tu mano.
De inmediato, las pantallas dejaban ver cómo caían unas gotas. Pero estas eran de café, tal como dice su canción. Ojalá que llueva café fue la siguiente en la que aparecieron Ricky Martin, Paulina Rubio, Juanes, Ricardo Montaner y Alejandro Sanz, sus invitados virtuales (a través de las pantallas), quienes coreaban esa canción, que también tenía imágenes de niños en el campo.
Woman del Callao y Cancioncita de amor también formaron parte del repertorio que preparó el dominicano, quien por momentos tocaba la guitarra. Tocó una con los colores de la bandera de su país (rojo, azul y blanco).
Guerra hablaba poco. Una de sus interacciones con el público fue cuando anunció su clásica Burbujas de amor, quizás la que lo catapultó a la fama. “Es hora de cantar bachatas. ¿Cuántos enamorados hay aquí?”, decía.
Otro momento con el público fue cuando leyó algunos mensajes que sus ‘fans’ le habían escrito en carteles. “ Con tu música mis padres se enamoraron. Gracias a ti, nací. Atentamente Valentina”, decía uno de ellos. “Dios te bendiga, respondía Guerra.
No todo fue merengue (con La bilirrubina, Niágara en bicicleta, Las avispas o Visa para un sueño) y bachatas (Te regalo una rosa). Hubo espacio para la salsa y hasta algo de mambo con La llave de mi corazón.
A las once de la noche amagó dos veces con irse. A la tercera, el avión volvió a sonar. Se despidió en las escalinatas de la nave. Se embarcó y el avión desapareció. Se había ido, tal como había llegado, con su “travesía”.
No todos pudieron ingresar al estadio
Durante el concierto mucha gente se quejó contra 80 Grados, la empresa que organizó el espectáculo. El reclamo de las personas, que no lograron ingresar al estadio Alberto Spencer, fue que les habían cerrado las puertas.
Juan Carlos Castillo, vocero de la empresa, explicó que se vendieron aproximadamente 24 mil boletos de un aforo de 32 mil personas, autorizado por parte del Municipio de Guayaquil.
Agregó que los supervisores del SRI fueron los encargados de abrir y cerrar las puertas para realizar el conteo de boletos. Jaime Salame, también promotor del show, indicó que “hubo tres puertas de acceso para tribuna y mucha gente no hizo caso cuando se llenaba alguna de esas zonas y debían acudir a otra puerta, por eso mucha gente se quedó afuera. Castillo afirmó que se le devolverá el dinero a la gente que tenía su boleto y no pudo ingresar al estadio.

Fuente: telegrafo.com.ec

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