Joe Bataan calentó la plaza de Catalunya fundiendo latinidad y soul


En la galería de géneros musicales dignos de una reivindicación que dure al menos 10 minutos, figura el bugalú, que en los años 60 fundió patrones latinos (el son cubano, la guajira) con tejidos tersos de soul y rhythm’n’blues. De su epicentro, Nueva York, salió Joe Bataan, cantante de origen filipino que últimamente se ha dejado querer por los barceloneses Los Fulanos. Con ellos formó equipo el viernes en una acalorada sesión afrolatina en la plaza de Catalunya, dentro del BAM.
Bataan resucitó en el 2005 tras un largo retiro gracias al sello madrileño Vampisoul, y el clímax de su operación retorno es King of latin soul, un disco cocinado por Los Fulanos (banda con miembros de Fundación Tony Manero y Chocadelia Internacional, así como Xeriff, cantante de Dr. Calypso) en el que pasa revista a algunos de sus clásicos y aborda canciones nuevas. Hace dos inviernos fue rescatado por el ciclo Caprichos de Apolo, y su pase de la otra noche en el corazón de Barcelona, ante miles de personas, fue una insólita ceremonia de reconocimiento otoñal. En la plaza, fans de la salsa y algunas camisetas con nombres de estrellas del reggaeton. Para el público joven informado, Bataan, de 67 años, se acerca al estatus de leyenda, y él no anda corto de ego: entró en escena con maneras de estrella, agasajado por Los Fulanos (y el cuerpo coral, Los Menganos) y repartiendo fotos suyas en las primeras filas.
EXUBERANTE // Rescató Good ole days con una voz algo erosionada, pero que mantenía sus rasgos esenciales y su profundidad. Junto a él, 11 músicos en escena procurándole un alimento instrumental voluptuoso, de arreglos exuberantes y rítmica incisiva. A veces, cerca de un soul de Filadelfia o del libidinoso Barry White; otras, marcadamente latino, con cadencias cubanas regadas por arreglos de viento negros y consignas antillanas («¡a gozar, Barcelona!»).
Especias de bugalú y salsoul, fusión de salsa y soul en un apetitoso cruce de mundos donde no faltaron canciones de su etapa más venerada, los años 60, como Ordinary guy y Gypsy woman, y su pieza de éxito más tardía, la discotequera Rap-o clap-o. Después de todo, su reivindicación merece algo más de 10 minutos.

Fuente: elperiodico.com

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